Análisis Político

680 mil pesos

Juan Pablo Cárdenas S. | Lunes 20 de julio 2026.

Quienes visitan nuestro país muchas veces se configuran una visión superficial de nuestra realidad coincidiendo en que en Chile existe un alto nivel de ingresos y consumo. Aprecian la vorágine de personas que repletan los malls, supermercados y restoranes, sin pensar que existe una gran proporción de chilenos que ni siquiera llega a fin de mes con su sueldo. También en tiempos de la Dictadura, con muchos menos habitantes, se apreciaba un panorama así, cuando desde La Moneda se echaban andar programas de empleo para disimular los vergonzosos índices de desocupación.

Recientes cifras oficiales nos indican que sólo la mitad de los trabajadores percibe una mediana salarial de 680 mil pesos mensuales y que el promedio de todos los sueldos se sitúa en los 962 mil pesos al mes. En esta última cifra está incluido el 12 por ciento que percibe el salario mínimo que alcanza poco más que 553 mil pesos.

 Otros indicadores recientes calculan que un arriendo en un barrio de clase media o modesta, de dos dormitorios y un baño, cuesta unos 300 mil pesos, sin considerar los gastos comunes, los que podrían sumar entre 50 a 90 mil pesos. Del mismo modo, se sabe que las cuentas de luz, agua y gas no bajan de unos 100 mil pesos y que en locomoción colectiva cualquier trabajador debe gastar como mínimo unos dos mil o tres mil pesos diarios. Asimismo, solo la alimentación individual debe superar los 80 mil pesos mensuales, excluidos todos los gastos en salud, educación y otros rubros.

Es cosa de suponer la imposibilidad de que con su propio salario el trabajador chileno pueda mantener a un cónyuge y al menos un hijo, de modo que pueda constituir una familia. De allí que se explique la abrupta disminución de matrimonios y el nivel cero que ha alcanzado nuestra tasa de natalidad, igualada solo por Corea del Sur y un puñado de naciones. A sabiendas que los que más nacen aquí son los hijos de los inmigrantes.

Las cifras son incuestionables y solo pueden ser explicadas si se considera el gran involucramiento del empleo informal y más que precario en sueldos, así como el hecho de que miles de familias crecientemente involucradas en el narco y micro tráfico, siendo los principales protagonistas, así como víctimas, de los hechos de violencia y delincuencia que asolan al país. Es en la precariedad de los salarios que también se explican los miles de campamentos y ocupaciones ilegales a lo largo de todo Chile. A la vez del severo incremento de las deudas bancarias como de las elevadas cifras adeudadas a las compañías que otorgan los servicios básicos.

Entidades educacionales dan cuenta del creciente ausentismo escolar, así como otras nos señalan el nulo avance en superar la asimetría salarial entre hombres y mujeres, teniendo en cuenta, además, al 9 o 10 por ciento de desocupados los que, en realidad, son muchos más si se considera a quienes trabajan por horas o solo en algunos días a la semana.

Otro asunto que se debe tener en cuenta es que en estos promedios salariales señalados anteriormente se incluyen los millonarios ingresos de la clase empresarial y política, así como los elevados sueldos de algunos profesionales. Es decir, de ese millón o millón y medio de chilenos que vive hasta en el hartazgo dentro de una población que todavía no alcanza los 20 millones de habitantes. Es en esta categoría donde debemos incluir a quienes repletan malls y restoranes, adquieren coches de lujo y suelen viajar en avión por Chile y hacia el exterior. Habida cuenta de que veranear fuera de Chile cuesta bastante menos que en nuestros propios balnearios.

No se entiende, en consecuencia, que el Parlamento apruebe una ley que le rebaje el impuesto de primera categoría que pagan las grandes empresas, que el Estado haga poco o nada en controlar el precio de los combustibles y que la palabra “subsidio” esté tan desprestigiada entre los que toman las grandes decisiones económicas. Tampoco se explica que para combatir la criminalidad se destinen crecientes recursos para las policías y las FFAA. Pensando, seguramente, que la seguridad se resguarda con más agentes y armas que con mayor justicia social y equidad. 

Tampoco se comprende que sea el aborto libre, y no la justicia social y la defensa de los DDHH, el caballo de Troya de ciertas agrupaciones y dirigentes de izquierda, en circunstancia de que China, Japón y otros pueblos del mundo implementan medidas para fomentar la natalidad, ante el inminente envejecimiento de sus naciones. Cuando de seguir todo igual tendremos un promedio de edad de sesenta o más años antes de una década.

Vergüenza debiera provocarnos como nación el empeño de las autoridades de ayer y hoy por derribar poblaciones y dejar a sus moradores a la intemperie en virtud del “sacrosanto” derecho de propiedad. Así como la política oficial de impedir la inmigración y expulsar del territorio a quienes ya estaban avecindados aquí y que, por lo general, significan una enorme aporte a nuestra economía.

Las apariencias ciertamente engañan y nos llevan a mantener grados de soberbia ante países que hasta hace poco tiempo estaban muy por debajo de nuestro desarrollo, y que seguramente nos están superando con creces en cuanto a crecimiento, distribución del ingreso y niveles de felicidad.

 

Escribe a juanpablo.cardenas.s@gmail.com

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