Análisis Político

La opción por los ricos

Juan Pablo Cárdenas S. | Lunes 11 de mayo 2026.

Cada día se evidencia más que el principal propósito del actual gobierno es servir los intereses de lo más ricos. Al deseo de servir al uno por ciento de multimillonarios cuya codicia no parece tener límite a pesar de que las ingentes utilidades de sus inversiones y negocios son de las más lucrativas del mundo, como ha quedado de manifiesto cuando se las compara con la de los países más prósperos de la Tierra.

Ya en plena campaña presidencial, el gran mundo empresarial le entregó apoyo y recursos a la candidatura de José Antonio Kast que resultara ganadora en la segunda vuelta electoral, dado que no tuvo un contundente respaldo popular en la primera ronda. El abanderado de la extrema derecha se vio favorecido, finalmente, por una gran votación que se resistía apoyar a la postulante comunista. Lo mismo que ocurriera, pero en sentido opuesto, con la elección de Gabriel Boric, cuatro años antes, en que mucha gente de derecha prefirió respaldarlo para evitar en triunfo en las primarias del otro competidor comunista.
De allí quienes que ya se cuestionan este mecanismo electoral de dos vueltas, porque en ambos casos terminan en La Moneda personas con los votos prestados de quienes optan por el  llamado “mal menor”. De allí que tanto Boric como ahora Kast disminuyen tan drásticamente su popularidad a las pocas semanas o meses, obligándose a gobernar apenas con un treinta o cuarenta por ciento no menos) del apoyo ciudadano. No existe en nuestra institucionalidad electoral la posibilidad de que los electores puedan revocar el mandato de aquellos políticos que pierden sensiblemente su legitimidad.

Es más, en la feble democracia que tenemos, desde la propia oposición surgen voces en la necesidad de respaldar las iniciativas del Ejecutivo por el simple hecho de haber se impuesto en las elecciones presidenciales, por lo que su cometido parlamentario podría estar puramente demás, salvo conseguir concesiones menores en las grades materias por legislarse.

Es lo que sucede actualmente con la tramitación legislativa de una reforma tributaria, considerada la columna vertebral del programa de Kast, cuando o que se propone es cumplir con la promesa hecha al gran empresariado de rebajar del 27 al 23 por ciento el impuesto a sus utilidades. Lo cual tendría por efecto que el Fisco reduzca severamente sus recursos con lo cual, dígase lo que se quiera, el Estado tendría que suprimir ro recortar programas de carácter social en materia de salud, educación, obras públicas y otros.

La gran apuesta (falacia, para otros), de esta rebaja tributaria en favor de los más ricos, podría incrementar la inversión nacional y foránea, lo que redundaría en un aumento de la mano de obra, cuando por meses no hemos salido de tazas del 9 o 10 por ciento de desempleo, además de la grave pérdida del poder adquisitivo de los salarios. Con lo cual se ha vuelto a incrementar el número de pobres y evidentemente el malestar de la población.

Ni el Gobierno parece estar muy seguro que estos beneficios para los más ricos puedan ver prontas luces en cuanto empleo y salarios. Hasta los más acérrimos partidarios de esta ley de “reconstrucción” advierten que el país necesita de una estabilidad tributaria de a lo menos 15 o 20 años, lo que parece ser una utopía en un país que cada cuatro años inclina su péndulo electoral de derecha a izquierda y viceversa. Menos, todavía, si la tozudez gobernante se empeña en aprobar una legislación con una mayoría discreta en el Parlamento, así como desoyendo la opinión de muchos gremios, sindicatos y entidades expertas, como el propio Consejo Fiscal Autónomo cuyo informe simpatizó poco o nada con esta propuesta.

Para pirquinear unos pocos votos en el Parlamento, los ministros de Kast se muestran dispuestos a rebajar los tributos que pagan también los productores de pañales y algunos fármacos, lo que parece ser una medida astuta más que eficiente, mientras el país comprueba que lo beneficios tributarios a los más ricos no se extienden a los que paga el pueblo en materia de combustibles, peajes y diversos insumos de primera necesidad. Los que tributan un IVA del 19 por ciento y cifras que superan el treinta a quienes tengan que cargar sus estanques de gasolina.

Parece ser que a algunos partidos como “el de la Gente” les basta con concesiones menores para justificar sus buenas relaciones con el Gobierno, y hasta tentarse a la posibilidad de pactar con el oficialismo cuando se ve que la formula gobernante empieza a manifestar trizaduras en la derecha, especialmente por los abiertos roces entre republicanos y UDIS.

Lo que parece más ingenuo o cínico de todo es suponer que el alto grado de descontento social va a permanecer impertérrito mientras se favorece a los más ricos y se mitigan las expectativas de la amplia mayoría de pobres e integrantes de los sectores medios. Al creciente descontento estudiantil, se suma, ya las primeras protestas de los trabajadores. Además de la enorme frustración por la incapacidad gubernamental para enfrentar a la delincuencia descontrolada, las bandas de narcotraficantes y las demandas de los sin casa, que suman miles y miles de familias para las que se avecina un crudo invierno, pero un nuevo y caliente estallido social.

A pesar de que el conjunto de la clase política, por supuesto, todavía ni siquiera lo visualice.

Escribe a juanpablo.cardenas.s@gmail.com

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