{"id":567,"date":"2018-08-29T18:40:13","date_gmt":"2018-08-29T18:40:13","guid":{"rendered":"http:\/\/juanpablocardenas.cl\/?p=567"},"modified":"2018-08-29T18:40:13","modified_gmt":"2018-08-29T18:40:13","slug":"el-grave-trastorno-moral-de-la-riqueza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/juanpablocardenas.cl\/index.php\/2018\/08\/29\/el-grave-trastorno-moral-de-la-riqueza\/","title":{"rendered":"El grave trastorno moral de la riqueza"},"content":{"rendered":"<p>Juan Pablo C\u00e1rdenas |\u00a0Lunes 3 de octubre 2016<\/p>\n<p>En una impactante entrevista que leemos en la \u00faltima Revista del S\u00e1bado de El Mercurio observamos n\u00edtidamente las s\u00f3rdidas condiciones econ\u00f3micas sociales y culturales que llevan a tantos ni\u00f1os y adolescentes en nuestro pa\u00eds a convertirse en delincuentes comunes. A quienes desde la m\u00e1s tierna edad no tienen m\u00e1s opci\u00f3n que seguir el destino de sus propios padres (cuando los tienen) y que descubren en el hurto, el robo con violencia y el tr\u00e1fico de drogas la mejor posibilidad de subsistencia. Seres que son discriminados desde que nacen, que muchas veces pierden la vida a temprana edad y cuyo futuro m\u00e1s seguro es encontrar guarida en las propias las c\u00e1rceles.<\/p>\n<p>Se trata de una extensa conversaci\u00f3n con uno de estos ni\u00f1os que empezara delinquir a los 10 a\u00f1os y, ahora, a los 18, luce en su cuerpo ocho cicatrices de balas y un proyectil todav\u00eda alojado en su vientre. Uno de los pocos j\u00f3venes de su condici\u00f3n que ha sido acogido por un programa de rehabilitamiento del Ministerio del Interior, mientras tantos otros como \u00e9l siguen en las calles expuestos cotidianamente la muerte temprana o el presidio en c\u00e1rceles que m\u00e1s bien parecen escuelas del delito. Enrique Troncoso se llama quien dice no estar seguro de que a esta altura pueda cambiar de rumbo cuando se duele que nunca tuvo ni\u00f1ez y, por cierto, oportunidad de recibir la educaci\u00f3n m\u00ednima necesaria para desempe\u00f1arse en alguna actividad laboral decente.<\/p>\n<p>Consultado si no le provocaba remordimiento asaltar a las personas y despojarla de sus bienes, Enrique Troncoso dice que, aunque una vez decidi\u00f3 devolverles a unas ancianas lo que les hab\u00eda robado, en general no le causaba problema robarles a los ricos, a aquellos que pod\u00edan trasladarse en veh\u00edculos costosos o de lujo,\u00a0porque si ten\u00edan \u201c15 palos para uno, nos dice, deben tener otros 15 para comprarse otro\u201d. Su argumento es simple: todos necesitamos comer y, para ello, personas como \u00e9l simplemente no saben hacer otra cosa que delinquir para propiciarse los recursos necesarios. Situaci\u00f3n que, como reconoce, est\u00e1 empeorando en nuestro pa\u00eds y d\u00eda a d\u00eda muchos otros chicos toman el mismo camino.<\/p>\n<p>Se trata adem\u00e1s de una entrevista que claramente demuestra la responsabilidad del Estado y de la pol\u00edtica en las condiciones de pobreza y marginalidad en que viven millones de chilenos, cuyos hijos no alcanzan instrucci\u00f3n, carecen de hogar y son estigmatizados desde que dan sus primeros pasos. Ni\u00f1os y j\u00f3venes que, por los medios de comunicaci\u00f3n, especialmente por la televisi\u00f3n, pueden apreciar la enorme riqueza y holgura de un segmento de la poblaci\u00f3n, cuyos niveles de consumo son ostentados sin pudor alguno. Cuando nos enteramos, por ejemplo, que uno de los m\u00e1s intr\u00e9pidos delincuentes de cuello y corbata recientemente huido del pa\u00eds hab\u00eda adquirido para su propio disfrute cinco o seis autom\u00f3viles de lujo, adem\u00e1s de las pomposas propiedades en que viv\u00eda e implementaba sus turbios negocios\u2026 O cuando se descubren las escandalosas colusiones de los grandes empresarios con parlamentarios y candidatos para evadir impuestos y defraudar a los consumidores chilenos.<\/p>\n<p>Es decir, cuando ya es imposible disimular aquella inequidad en que apenas un uno por ciento de los m\u00e1s ricos percibe m\u00e1s de lo que alcanza un cuarto de la poblaci\u00f3n nacional. Una desigualdad que ciertamente explica los crecientes niveles de inseguridad que hoy nos afectan y que, por cierto, estimula tambi\u00e9n la corrupci\u00f3n, no solo de los que no tienen nada o muy poco, sino de las autoridades, los propietarios de los bancos y de las isapres o los controladores de los fondos de pensiones, de las Afp. Cuyas enormes ganancias, en este \u00faltimo caso, ciertamente no provienen de recaudar y administrar unicamente las cotizaciones de los trabajadores, sino de la posibilidad que la Ley les brinda de rentabilizar a trav\u00e9s de sus propias\u00a0entidades financieras los recursos que disponen. Prest\u00e1ndole, como se sabe, el mismo dinero a miles y miles de chilenos que pagan intereses muchas veces por sobre el 4 por ciento para adquirir una vivienda y otros bienes de consumo. Todo esto cuando se asume el alto endeudamiento de las personas y familias\u00a0en el pa\u00eds que, para colmo, es identificado en el mundo como uno delos m\u00e1s desiguales de la Tierra.<\/p>\n<p>La pobreza y la miseria desde hace mucho tiempo son considerados un grave pecado y trastorno social, sobre todo en una naci\u00f3n que tanto se ha ufanado de tan alto ingreso per c\u00e1pita y de un crecimiento econ\u00f3mico que por muchos a\u00f1os fue considerado ejemplar y hasta envidiable desde el extranjero. Pero es preciso que ahora se asuma que la riqueza extrema es tambi\u00e9n una severa transgresi\u00f3n \u00e9tica y moral. El aliciente m\u00e1s fuerte, por lo dem\u00e1s,\u00a0de la criminalidad que hoy tantos lamentan, cuando las v\u00edctimas de la delincuencia com\u00fan muchas veces son personas de clase media, que viven tambi\u00e9n con toda suerte de privaciones. Pero que, desgraciadamente, est\u00e1n m\u00e1s al alcance de quienes los asaltan y despojan en las calles como en sus propios hogares.<\/p>\n<p>En contraste, \u00a0una persona que posee un autom\u00f3vil de lujo y vive en una suntuosa mansi\u00f3n efectivamente tiene muchas m\u00e1s posibilidades de recuperar los bienes que les fueran arrebatados o resarcirse con los buenos seguros que tienen la posibilidad de contratar. No as\u00ed los millones de chilenos que circulan generalmente en locomoci\u00f3n colectiva y perciben un modesto sueldo o salario, pero cuyas especies o dinero robados resultan insignificantes para los polic\u00edas.<\/p>\n<p>En este sentido, somos muchos los que hemos comprobado en carne propia cuando los propios carabineros o funcionarios de la PDI nos instan a no perder el tiempo en recurrir a la justicia cuando lo usurpado es inferior a los cinco o seis millones de pesos. Especies perdidas que en dinero resultan sin duda muy onerosas, sin embargo, para la inmensa mayor\u00eda de los afectados. Una actitud policial que explica, entonces, que muchos de los delitos en que se logra llegar a sus hechores, como recuperar los bienes sustra\u00eddos, son los que se producen en los barrios m\u00e1s pudientes y afectan, por ejemplo,\u00a0a poderosos empresarios y rostros de la televisi\u00f3n y la far\u00e1ndula.<\/p>\n<p>Pero lo m\u00e1s grave de todo es la idea que se ha ido consolidando en cuanto a que los propios polic\u00edas son, muchas veces,\u00a0los que les dan protecci\u00f3n a los delincuentes o forman parte de las mismas bandas de asaltantes. Temor que antes no exist\u00eda en Chile, pero que ahora se hace cada d\u00eda m\u00e1s ostensible cuando con frecuencia comprobamos la presencia de estos \u201cguardianes del orden\u201d en asaltos a cajeros autom\u00e1ticos, robos de autom\u00f3viles, microtr\u00e1fico y tantos otros delitos tildados curiosamente \u201ccomunes\u201d. Porque en el af\u00e1n de nuestras autoridades de enfrentar la delincuencia, sin atacar sus principales causas,\u00a0\u00e9stas no discurren m\u00e1s soluci\u00f3n que elevar considerablemente el n\u00famero de carabineros y dotarlos de armas represivas (o disuasivas, como las llaman), entre los cuales resulta f\u00e1cil que se filtren personas poco id\u00f3neas, moralmente hablando,\u00a0para cumplir con estas funciones policiales. Sobre todo, cuando se comprueba, ahora, los privilegios generales de los uniformados en materia de remuneraciones, previsi\u00f3n y privilegios.<\/p>\n<p>Cuando muchos tenemos fresca en la memoria, todav\u00eda, el bochornoso papel cumplido por polic\u00edas civiles o uniformados en los m\u00e1s terribles cr\u00edmenes de la Dictadura. Cuando Chile miraba con orgullo su eficiencia, probidad y af\u00e1n de servicio p\u00fablico.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Pablo C\u00e1rdenas |\u00a0Lunes 3 de octubre 2016 En una impactante entrevista que leemos en la \u00faltima Revista del S\u00e1bado de El Mercurio observamos n\u00edtidamente las s\u00f3rdidas condiciones econ\u00f3micas sociales y culturales que llevan a tantos ni\u00f1os y adolescentes en nuestro pa\u00eds a convertirse en delincuentes comunes. 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