{"id":343,"date":"2018-08-21T14:31:02","date_gmt":"2018-08-21T14:31:02","guid":{"rendered":"http:\/\/juanpablocardenas.cl\/?p=343"},"modified":"2018-08-21T14:31:02","modified_gmt":"2018-08-21T14:31:02","slug":"legitimidad-versus-legalidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/juanpablocardenas.cl\/index.php\/2018\/08\/21\/legitimidad-versus-legalidad\/","title":{"rendered":"Legitimidad versus Legalidad"},"content":{"rendered":"<p>Juan Pablo C\u00e1rdenas S. |\u00a0Lunes 2 de diciembre 2013<\/p>\n<p>Ya se ha observado que los votos marcados con la demanda de una asamblea constituyente (AC) fueron m\u00e1s que los obtenidos por varios de los candidatos que participaron en la primera vuelta de los \u00faltimos comicios presidenciales. Los ciudadanos que pusieron un \u201cAC\u201d en la papeleta desafiaron los temores propagados en cuanto a que esta demanda a\u00f1adida pudiera provocar la invalidaci\u00f3n del sufragio, lo que finalmente no sucedi\u00f3. Gracias a la campa\u00f1a de miles de activistas que nos convocaron a plantear esta demanda, el voto marcado se impuso con mucha fuerza y ha dejado en una posici\u00f3n muy inc\u00f3moda a los partidarios de la actual Constituci\u00f3n y a quienes piensan que la posibilidad de una nueva Carta Fundamental debe quedar supeditada a la iniciativa del Ejecutivo y los legisladores, cuando en m\u00e1s de 24 a\u00f1os de posdictadura ello no ha sido posible.<\/p>\n<p>Sabemos que quienes van a regresar a La Moneda en marzo pr\u00f3ximo tienen ideas muy dispares respecto de qu\u00e9 hacer para dotarnos de una institucionalidad m\u00e1s democr\u00e1tica que el hibrido r\u00e9gimen pol\u00edtico heredado de la Dictadura. En el nuevo oficialismo habr\u00e1 quienes se conformen con hacerle s\u00f3lo nuevos retoques a la actual Constituci\u00f3n de 1980. Tendremos, tambi\u00e9n, a quienes postulen una nueva Constituci\u00f3n, pero definida y sancionada s\u00f3lo por la clase dirigente. Al mismo tiempo, cabe esperar que algunos integrantes de esta Nueva Mayor\u00eda cumplan y se las jueguen por la convocatoria a una Asamblea Constituyente que defina las reglas del juego institucionales y busquen su refrendo popular. No se sabe, a ciencia cierta, qu\u00e9 camino preferir\u00e1 seguir la Presidenta quien, como candidata, no ha sido expl\u00edcita respecto de \u00e9ste y otros temas, seguramente porque observa entre sus partidarios posiciones muy diversas. Se evidencia que en los temas cruciales no existe demasiado consenso entre dem\u00f3crata cristianos, comunistas, peped\u00e9s, socialistas y radicales. Y ello podr\u00eda ser lo que m\u00e1s afecte la posibilidad de un nuevo rumbo institucional.<\/p>\n<p>De lo que estamos ciertos es que la demanda por una Asamblea Constituyente va a golpear fuertemente las puertas del Palacio Presidencial cuanto remecer las bancadas del Parlamento. Las encuestas se\u00f1alan que m\u00e1s de la mitad de la poblaci\u00f3n chilena tiene ya resoluci\u00f3n en favor de una constituyente surgida del voto popular y no del concili\u00e1bulo de las c\u00fapulas pol\u00edticas. Aunque es efectivo que nunca en nuestra historia nos hemos dotado de una Carta Fundamental surgida de una consulta popular, sin embargo, en la evoluci\u00f3n de los sistemas republicanos, la Asamblea Constituyente hace rato se constituye en el medio m\u00e1s validado por los pa\u00edses a la hora de consolidar soberan\u00eda popular y reglas del juego verdaderamente democr\u00e1ticas. En Am\u00e9rica Latina ya hemos tenido experiencias contundentes, en tal sentido, sin que estas asambleas hayan trastornado la vida pol\u00edtica o sembrado el caos, como algunos est\u00e1n vaticinando. Varias voces de constitucionalistas de prestigio internacional anotan que las nuevas constituciones pol\u00edticas de Bolivia, Ecuador, Brasil y otras naciones son un ejemplo de solvencia democr\u00e1tica y le trazan un camino a seguir a aquellas naciones todav\u00eda renuentes a avanzar hacia un r\u00e9gimen de soberan\u00eda ciudadana m\u00e1s participativa y moderna.<\/p>\n<p>Lo que m\u00e1s existe actualmente en nuestro pa\u00eds es desconfianza en la clase pol\u00edtica y en la posibilidad de que nuestros gobernantes y legisladores puedan convenir un nuevo orden institucional bajo el imperio del binominalismo parlamentario vigente y los qu\u00f3rums calificados que se imponen tan tenazmente a los cambios y construcci\u00f3n de un orden genuinamente democr\u00e1tico. Ya se vio que en la \u00faltima contienda electoral, una derecha derrotada en las urnas es capaz de mantener en el Poder Legislativo los votos necesarios para impedir las m\u00e1s importantes reformas, cuando no, incluso, con el asentimiento de los diputados y senadores de otras bancadas, como ha ocurrido en tantas bochornosas oportunidades. Antes que la contienda presidencial termine de definirse ya tenemos en el Congreso y en los medios a quienes postulan volver a la \u201cpol\u00edtica de los acuerdos\u201d que paraliz\u00f3 la Transici\u00f3n a la Democracia y ha consolidado un duopolio pol\u00edtico electoral cuyo fin principal ha sido repartirse el poder y perpetuarse en los cargos p\u00fablicos.<\/p>\n<p>Es en esta decepci\u00f3n ciudadana que se explica que m\u00e1s de la mitad de los ciudadanos no haya concurrido a las urnas a pesar de que hubo nueve presidenciables, cuatro elecciones simult\u00e1neas y miles de candidatos en todo Chile a quienes marcarle preferencia. Una cifra de abstenci\u00f3n que tiene toda la expectativa de elevarse en la segunda vuelta presidencial, lo que le dar\u00eda muy poco sello democr\u00e1tico a quien resulte elegida.<\/p>\n<p>No hay que soslayar, tampoco, que el movimiento estudiantil, gremios y agrupaciones sociales muy diversas ya han sumado a sus demandas la exigencia que sea en la ciudadan\u00eda donde se discuta y valide un nuevo orden institucional. Al respecto, la nueva Presidenta de la Federaci\u00f3n de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH) ha advertido que desde las calles el pr\u00f3ximo a\u00f1o se vigilar\u00e1 y se interpelar\u00e1 en tal aspecto a los nuevos diputados, que hasta muy pocos meses lideraban las masivas movilizaciones. La idea es que sean \u00e9stos quienes apuren, ahora en el Parlamento, las reformas proclamadas en aquellas memorables marchas y protestas. Los nuevos dirigentes estudiantiles aspiran a que se consolide una bancada juvenil y transformadora y que lo reci\u00e9n electos no se sometan a los ritmos y decisiones que adopten los partidos pol\u00edticos que los reclutaron como candidatos. Sean capaces resistir las presiones que siempre se ejercen desde La Moneda, como a las espurias negociaciones y devaneos cupulares.<\/p>\n<p>No se puede desestimar, tampoco, la manifiesta expresi\u00f3n en favor de una Asamblea Constituyente de parte de las candidaturas presidenciales derrotadas del atomizado mundo de la izquierda extraparlamentaria. Importante pudiera ser la promesa de sus l\u00edderes de enfrentar un nuevo esfuerzo de unidad justamente en el compromiso de demandar una profunda reforma del Estado.<\/p>\n<p>El clamor popular por una Constituyente y una nueva Carta Fundamental obviamente se estrellar\u00e1 con la f\u00e9rrea oposici\u00f3n de la derecha autoritaria y los grandes intereses econ\u00f3micos resguardados por la institucionalidad que nos rige desde 1980. Entrar\u00e1 en pugna, tambi\u00e9n, con la actitud de aquellos inefables pol\u00edticos moderados o moderadores que siempre le hacen el juego al status quo, pretextando todo tipo de leguleyadas, como aquella que ya se invoca en cuanto a que el Ejecutivo y los parlamentarios no tienen facultades para convocar a una gran consulta nacional que resuelva lo primero que se debe despejar: si existe o no en el pueblo la voluntad de derogar la actual Constituci\u00f3n. Algo tan simple y contundente como eso y que sirva para valida, enseguida, los pasos m\u00e1s decisivos; esto es elegir a un grupo de ciudadanos que se d\u00e9 a la tarea de definir un nuevo texto constitucional que despu\u00e9s sea validado por un plebiscito vinculante.<\/p>\n<p>Las leyes vigentes, sobre todo cuando fueron definidas por un gobierno de facto, no deben constituirse m\u00e1s en obst\u00e1culo de los cambios. Si se hace preciso, hay que pasarlas por alto y simplemente derribarlas. Despu\u00e9s de que los dirigentes pol\u00edticos han demostrado no ser capaces de cumplir con lo prometido y demandado, es necesario que el pueblo se movilice con resoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es, por lo dem\u00e1s, lo que siempre nos se\u00f1ala la historia: la legitimidad debe sobreponerse a la legalidad. De otra forma, no habr\u00eda emancipaciones que finalmente se reconocen como gestas e hitos decisivos en el progreso humano. Quienes oponen las normas y la represi\u00f3n a los cambios son siempre los principales responsables de las grandes convulsiones sociales o de los quiebres abruptos de la convivencia interna de las naciones. Como lo fueron los reaccionarios, los timoratos y los militares en la tragedia que seguimos al Golpe de Estado de 1973.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Pablo C\u00e1rdenas S. |\u00a0Lunes 2 de diciembre 2013 Ya se ha observado que los votos marcados con la demanda de una asamblea constituyente (AC) fueron m\u00e1s que los obtenidos por varios de los candidatos que participaron en la primera vuelta de los \u00faltimos comicios presidenciales. 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